La divulgación está en los genes, por César González Herrerías

¿Soy divulgador? Si es así, creo que se trata de una cuestión genética. Mi padre escribe desde hace 40 años en un periódico. Mi tío, que era veterinario y aventurero, me dejó en herencia toda una biblioteca de libros sobre ovnis y divulgación científica, entre los cuales estaba Cosmos de Carl Sagan.
Cuando tenía 10 años fundé, junto a otros dos niños, una sociedad secreta que se llamaba Federación Marciana. (Curiosamente nuestras siglas estaban en todos los aparatos de radio). Fabricábamos trajes espaciales con cartón y papel de aluminio. Eso fue hasta que nuestras madres prohibieron las actividades de la federación por miedo a que nos asfixiásemos. (Menuda tontería, si precisamente nuestros cascos estaban diseñados para respirar cualquier tipo de atmósfera).
Durante la adolescencia, las carencias del sistema educativo español no fueron capaces de apagar mi amor por la ciencia. Después vino la licenciatura en biología, gracias a la cual entendí la diferencia entre la vocación investigadora y el ejercicio del músculo memorístico.

Tras trabajar en varios sectores, realicé los cursos de doctorado y un máster en estudios sociales de la ciencia. Así descubrí a Thomas Kuhn y otros autores con una visión diferente del conocimiento científico. También comencé a participar en foros de internet como el de Astroseti y a escribir algunos artículos para la Sociedad Astronómica Asturiana. Desde hace tres años escribo en un blog sobre biología, antropología, astrobiología y ciencia en general.

De una u otra manera, mi actividad profesional siempre ha estado relacionada con la divulgación, ya sea como guía en un jardín botánico, como profesor de educación secundaria o como comercial de una multinacional farmacéutica. Divulgar es educar, pero también es vender ciencia.

César González Herrerías (San Martín del Rey Aurelio, Asturias, 1975) es licenciado en biología y Máster en Estudios Sociales de la Ciencia. Autor del blog Ceniza de Estrellas compagina su pasión por la divulgación con otros trabajos como la docencia y la actividad comercial.

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2 Responses to La divulgación está en los genes, por César González Herrerías

  1. Verónica says:

    Yo no creo que se trate de una cuestión genética. Es por mi experiencia personal. Hay personas que tienen alergia al conocimiento.

  2. Estimado humano pensante:  Desde una esquina que es un puesto de observación de los que creemos que nada nos ha sido develado respecto de nuestro futuro  lugar en el universo de la evolución,  le envío esta líneas para que piense que sea o no cierto que las estrategias evolutivamente estables nos conducirán a buen puerto, lo que debemos hacer con urgencia a esta altura de nuestra aparición en esta historia planetaria, es plantearnos que al aparecer en la faz de la tierra el razonamiento abstracto que no posee el resto de las especies, tiene que existir un punto de inflexión para que nuestra evolución conti núe.  No es por azar que hayamos encontrado entre nuestras proteinas de membrana celular, los puntos por los cuales accedemos a la metilación y acetilación de fracciones de ADN que permiten entre otros mecanismos, la activación o inhibición de genes, lo cual nos hace responsables de decisiones que pueden cambiar o al menos torcer el camino de nuestro futuro. Esta epigenética, si la desarrollamos, nos marca como responsables del devenir, y es curioso que ningún grupo humano se ocupe de ello. Tenemos a la gallina de los huevos de oro, pero no escuchamos ni su cacareo. Lo que ocurre es que nos aterra cambiar lo que nos manifiesta internamente nuestro gen egoísta, y a él continuamos aferrados. Lo que le interesa al humano en sí, no es el oro, sino su posesión y que su entorno humano sea carente de ello. Sin saberlo, religiosos estimulan mecanismos epigenéticos, a través de la oración , la fe, la meditación. Si los científicos, continuasen con el estudio de este mecanismo, podrían unirse con sus adelantos, al fervor empírico de los ruegos y los hombres de buena voluntad, comenzaríamos a vivir la alborada de un mundo mejor. Piense en ello, buen amigo, y si está de acuerdo, difúndalo. Un gran abrazo Jorge Galileo Roberto Ciruelos Casabayó

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